Mirador del Noreste

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Bernardo Reyes: poder y transformación de Nuevo León

Un general en la historia de Monterrey

Durante las últimas décadas del siglo XIX y los primeros años del XX, Monterrey experimentó cambios importantes en su economía, sus calles y sus instituciones. La industria creció, llegaron trabajadores de otras regiones y el gobierno estatal impulsó obras públicas que modificaron el aspecto de la ciudad. En ese proceso destacó la figura del general Bernardo Reyes, quien gobernó Nuevo León en distintas etapas entre 1885 y 1909.

Militar de carrera y cercano a Porfirio Díaz, Reyes llegó al estado en un momento de tensiones entre el gobierno federal y los grupos políticos regionales. Con el tiempo, se convirtió en una de las figuras centrales de la vida pública nuevoleonesa. Durante sus administraciones se promovieron obras, reformas e iniciativas que acompañaron el crecimiento industrial de Monterrey, aunque su gobierno también se caracterizó por la concentración del poder y las limitaciones a la competencia política.

Su trayectoria no terminó en Nuevo León. Su paso por la Secretaría de Guerra y Marina, las aspiraciones políticas de sus seguidores y su enfrentamiento final con el gobierno de Francisco I. Madero lo llevaron a participar en los acontecimientos que precedieron a la Decena Trágica. Su muerte, el 9 de febrero de 1913, cerró una carrera que había comenzado en los campos de batalla del siglo XIX.

Para entender a Bernardo Reyes es necesario observar tanto las transformaciones que ocurrieron durante sus gobiernos como las condiciones políticas en las que ejerció el poder.

De Guadalajara a las filas del Ejército republicano

Bernardo Reyes nació en Guadalajara, Jalisco, el 30 de agosto de 1850, de acuerdo con diversas referencias biográficas. Algunas publicaciones han señalado 1849, por lo que conviene mantener presente esa discrepancia documental. Fue hijo de Domingo Reyes y Juana Ogazón. Desde joven se incorporó a la vida militar, en una época en la que México todavía enfrentaba las consecuencias de sus conflictos internos y de la intervención francesa.

En 1865 se incorporó a las fuerzas republicanas que combatían al Imperio de Maximiliano. Tenía entonces alrededor de quince años. Su carrera continuó durante los años de la restauración de la República, cuando participó en operaciones militares contra distintos levantamientos, entre ellos la campaña contra el dirigente regional Manuel Lozada.

Su ascenso fue gradual. En 1880 alcanzó el grado de general de brigada, después de haber participado en campañas militares en el occidente y el norte del país. También desempeñó responsabilidades en regiones como Sinaloa y Sonora, donde el gobierno buscaba fortalecer su presencia y enfrentar conflictos fronterizos. Esas experiencias contribuyeron a su consolidación dentro del Ejército.

En 1872 contrajo matrimonio con Aurelia de Ochoa y Sapién. La pareja tuvo varios hijos, entre ellos Alfonso Reyes, nacido en Monterrey en 1889, quien llegaría a ser uno de los escritores y ensayistas mexicanos más reconocidos del siglo XX. La vida familiar de Bernardo Reyes quedaría vinculada a la historia intelectual del país, especialmente después de los acontecimientos de 1913.

Su llegada a Nuevo León

En la década de 1880, Nuevo León ocupaba una posición importante por su cercanía con Estados Unidos y por las relaciones comerciales que conectaban a Monterrey con otras ciudades mexicanas y estadounidenses. Sin embargo, el control político de la región era motivo de disputa entre el gobierno federal y varios jefes militares con influencia local.

Porfirio Díaz buscaba consolidar su autoridad en el noreste. En ese contexto, Bernardo Reyes llegó a Nuevo León en 1885 como jefe de operaciones militares. Su tarea consistía en fortalecer la presencia federal y reducir la capacidad de acción de los grupos armados que desafiaban al gobierno. Entre los actores regionales con influencia se encontraban los generales Jerónimo Treviño y Francisco Naranjo.

La situación política se agravó durante los últimos meses de ese año, cuando surgieron conflictos entre las autoridades estatales y el gobierno federal. Tras la desaparición de los poderes constitucionales de Nuevo León, Reyes fue nombrado gobernador provisional. Asumió el cargo el 12 de diciembre de 1885.

Su llegada al gobierno significó el inicio de una etapa en la que la autoridad militar y la administración civil quedaron estrechamente relacionadas. Reyes mantuvo la confianza de Díaz y, al mismo tiempo, desarrolló una política orientada a consolidar el control del gobierno estatal y favorecer el crecimiento económico de Monterrey.

Los gobiernos de Bernardo Reyes en Nuevo León

La trayectoria de Reyes al frente del Ejecutivo estatal tuvo varias interrupciones. Por eso, aunque suele hablarse de su largo gobierno entre 1885 y 1909, es más preciso distinguir cinco periodos formales. Las fechas que siguen aparecen en cronologías históricas detalladas y deben entenderse dentro de una administración marcada por licencias y relevos interinos.

  • Primer periodo: del 12 de diciembre de 1885 al 4 de octubre de 1887. Fue gobernador provisional y entregó el cargo a Lázaro Garza Ayala.
  • Segundo periodo: del 4 de octubre de 1889 al 21 de abril de 1896. Regresó al gobierno como gobernador constitucional.
  • Tercer periodo: del 23 de mayo de 1896 al 3 de diciembre de 1897. Volvió al cargo después de un breve interinato de Carlos Berardi.
  • Cuarto periodo: del 19 de diciembre de 1897 al 23 de enero de 1900. Retomó la gubernatura después del interinato de Carlos Félix Ayala.
  • Quinto periodo: del 29 de diciembre de 1902 al 24 de octubre de 1909. Regresó a Nuevo León tras desempeñarse como secretario de Guerra y Marina.

Entre enero de 1900 y diciembre de 1902, Reyes estuvo al frente de la Secretaría de Guerra y Marina del gobierno de Porfirio Díaz. Durante ese tiempo, Pedro Benítez Leal ocupó interinamente la gubernatura estatal. Al regresar a Nuevo León, Reyes continuó en el poder hasta octubre de 1909, cuando dejó definitivamente el cargo.

Su administración combinó el impulso a la actividad económica con un control político estricto. El gobierno colaboró con empresarios y promovió obras públicas, mientras que las autoridades mantuvieron una amplia capacidad para intervenir en la vida política local. La estabilidad que caracterizó a esa etapa facilitó ciertas inversiones, pero no significó que existiera una competencia política abierta en condiciones de igualdad.

Monterrey y el crecimiento industrial

Durante el gobierno de Reyes, Monterrey consolidó su posición como uno de los principales centros industriales del país. Este proceso no dependió de una sola persona. La ubicación de la ciudad, las conexiones ferroviarias, el comercio fronterizo, la disponibilidad de capital y la iniciativa de los empresarios locales habían creado condiciones favorables para la expansión económica. La administración estatal contribuyó a ese crecimiento mediante obras públicas, medidas administrativas y un entorno político que favorecía la inversión.

La década de 1890 fue especialmente importante para la industria regiomontana. La Cervecería Cuauhtémoc se fundó en 1890, mientras que la Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey inició sus operaciones en los primeros años del siglo XX. Estas empresas formaron parte de un proceso de industrialización que transformó el empleo, el comercio y la organización urbana. Reyes respaldó el desarrollo económico, pero es importante distinguir su actuación gubernamental de las decisiones tomadas por los empresarios que fundaron y dirigieron esas compañías.

El crecimiento de las fábricas atrajo trabajadores de otros estados y contribuyó a la expansión de los barrios populares. Monterrey comenzó a recibir una población cada vez más diversa, integrada por empleados, obreros, artesanos, comerciantes y familias que buscaban oportunidades laborales. La industrialización también planteó nuevos desafíos en materia de vivienda, servicios urbanos y condiciones de trabajo.

El gobierno reyista favoreció una relación estrecha entre las autoridades y los grupos empresariales. Esa colaboración ayudó a impulsar proyectos económicos y obras de infraestructura, aunque también contribuyó a consolidar un modelo en el que las decisiones políticas y los intereses económicos estaban estrechamente relacionados.

Obras públicas y transformación urbana

Una de las obras más representativas de la época fue el Palacio de Gobierno de Nuevo León. Su construcción comenzó el 4 de abril de 1895, bajo la dirección del ingeniero Francisco Beltrán. Aunque las oficinas del Ejecutivo y del Congreso ocuparon una parte del edificio desde 1901, el proyecto completo se dio por concluido en 1908. El inmueble se convirtió en uno de los edificios públicos más reconocibles de Monterrey.

La construcción del Palacio requirió materiales y mano de obra especializada. La participación de canteros procedentes de San Luis Potosí se relaciona con la historia del barrio de San Luisito, ubicado al sur del río Santa Catarina. Sin embargo, el origen de ese asentamiento tiene distintas explicaciones y no debe atribuirse exclusivamente a la construcción del Palacio. La presencia de familias potosinas en la zona formó parte de un proceso más amplio de migración y crecimiento urbano.

En septiembre de 1910, durante las celebraciones del Centenario de la Independencia, el nombre de San Luisito fue sustituido oficialmente por el de colonia Independencia. Para entonces, el sector ya era un espacio importante de la vida popular regiomontana, vinculado con el trabajo, el comercio y la expansión de la ciudad hacia la otra margen del río.

Entre las obras impulsadas durante el gobierno de Bernardo Reyes destacó el Arco de la Independencia, proyectado para conmemorar el primer centenario de la Independencia de México. El diseño fue seleccionado mediante un concurso público organizado por la Junta de Mejoras Materiales y se desarrolló en el despacho del arquitecto Alfred Giles. Construido con cantera rosa de San Luis Potosí bajo la responsabilidad de Pedro Cabral, el monumento fue inaugurado el 16 de septiembre de 1910, cuando Reyes ya había dejado la gubernatura. Desde entonces, se convirtió en uno de los referentes arquitectónicos de Monterrey.

Arco de la Independencia planeado durante el Gobierno de Bernardo Reyes

Durante los años de Reyes también se desarrollaron servicios e infraestructura urbana, entre ellos el alumbrado, las comunicaciones, el transporte y las obras de pavimentación. Estas mejoras acompañaron el crecimiento de Monterrey, aunque su alcance y distribución no fueron iguales para todos los sectores de la población.

La modernización de la ciudad tuvo, por tanto, dos caras: la construcción de edificios e infraestructura que fortalecieron su actividad económica y la aparición de nuevas necesidades sociales derivadas del aumento de la población. La expansión industrial generó empleos, pero también hizo más visibles los problemas de vivienda, servicios y desigualdad.

De la gubernatura a la Secretaría de Guerra y Marina

En enero de 1900, Porfirio Díaz nombró a Bernardo Reyes secretario de Guerra y Marina. Su llegada al gabinete federal coincidió con un momento en el que comenzaban a hacerse visibles las discusiones sobre la sucesión presidencial. Aunque Díaz continuaba en la Presidencia, distintos grupos políticos buscaban influir en la elección de quienes ocuparían los principales cargos del gobierno.

Reyes tenía seguidores entre militares, sectores de las clases medias y grupos políticos que consideraban posible una renovación del régimen. Al mismo tiempo, su influencia generaba tensiones con otros integrantes del círculo presidencial, entre ellos los llamados Científicos, un grupo de políticos y funcionarios que defendía un enfoque tecnocrático de la administración pública y tenía una presencia importante en el gobierno.

La rivalidad entre reyistas y científicos no debe entenderse como una disputa entre democracia y autoritarismo en términos absolutos. Ambos grupos actuaban dentro del sistema porfirista, aunque diferían en sus intereses, sus alianzas y sus propuestas para el futuro político del país.

Reyes dejó la Secretaría de Guerra y Marina en diciembre de 1902 y regresó a Nuevo León. Su retorno le permitió recuperar la gubernatura y continuar con sus proyectos administrativos. Sin embargo, la cuestión de la sucesión presidencial seguía abierta, y su popularidad lo convirtió en una figura central de las discusiones políticas de los años siguientes.

El movimiento reyista y la crisis del Porfiriato

El debate sobre la sucesión presidencial se intensificó después de la entrevista que Porfirio Díaz concedió al periodista estadounidense James Creelman, publicada en 1908. Las declaraciones del presidente alimentaron las expectativas de una posible apertura política y animaron a distintos grupos a organizarse para participar en las elecciones de 1910.

Los seguidores de Bernardo Reyes comenzaron a promover su figura como una alternativa para la vicepresidencia. El movimiento reyista reunió a políticos, estudiantes, profesionales y otros sectores que buscaban influir en el rumbo del país. Sin embargo, existía una diferencia importante entre las aspiraciones de sus partidarios y la postura pública del propio general.

En una entrevista publicada en agosto de 1908, Reyes expresó su respaldo a la continuidad de Díaz en la Presidencia y afirmó que respetaría la decisión del mandatario sobre la candidatura a la vicepresidencia. Esa posición decepcionó a parte de sus seguidores, quienes esperaban que encabezara una oposición más clara. En septiembre de 1909, Reyes dejó la gubernatura y fue enviado a Europa en una misión oficial.

La ausencia del general no terminó con el reyismo. El movimiento continuó activo, pero perdió cohesión ante la falta de una definición política de su dirigente. Mientras tanto, Francisco I. Madero encabezó una oposición antirreeleccionista que cuestionaba la continuidad de Díaz en el poder.

Después de la caída del régimen porfirista en 1911, Reyes regresó a la escena política nacional. Intentó participar en la contienda presidencial, pero su movimiento no consiguió reunir el apoyo suficiente para desplazar al maderismo. Finalmente, optó por la vía armada.

El 16 de noviembre de 1911 proclamó el Plan de la Soledad, con el que desconoció al gobierno de Madero y llamó a una rebelión. El levantamiento fracasó y Reyes terminó por entregarse a las autoridades. Fue encarcelado en la Ciudad de México, donde permaneció hasta los acontecimientos de febrero de 1913.

Su trayectoria política había cambiado de manera importante. El militar que durante años había gobernado Nuevo León con el respaldo de Díaz se encontraba ahora preso por haberse levantado contra el gobierno surgido de la Revolución.

La Decena Trágica y su muerte

El 9 de febrero de 1913 comenzó en la Ciudad de México la sublevación militar conocida como la Decena Trágica. Un grupo de militares se levantó contra el presidente Francisco I. Madero y liberó a Bernardo Reyes de su prisión. El general se incorporó a los sublevados y encabezó una columna que avanzó hacia el Palacio Nacional.

El intento de tomar el edificio fue rechazado por las fuerzas leales al gobierno. Reyes murió durante el enfrentamiento frente al Palacio, en la plaza de la Constitución. Su muerte ocurrió el primer día de la sublevación, antes de que se desarrollaran los acontecimientos posteriores que culminaron con el derrocamiento y asesinato de Madero y del vicepresidente José María Pino Suárez.

La muerte de Reyes no puso fin a la crisis. La Decena Trágica continuó durante varios días y terminó con la llegada de Victoriano Huerta al poder. El desenlace abrió una nueva etapa de violencia política en México.

Para Nuevo León, la muerte del general significó el final de una figura que había dominado la política estatal durante buena parte de las décadas anteriores. Su trayectoria, sin embargo, seguiría presente en la memoria pública y en las discusiones sobre el Porfiriato, la industrialización regiomontana y los orígenes de la Revolución.

El legado de Bernardo Reyes y la memoria de Nuevo León

La huella de Bernardo Reyes puede observarse en distintos aspectos de la historia de Nuevo León. Durante sus administraciones se construyeron edificios públicos, se impulsaron servicios urbanos y se favoreció un entorno propicio para el crecimiento industrial. No obstante, esos cambios fueron resultado de la participación de numerosos actores: empresarios, trabajadores, funcionarios, técnicos y comunidades que contribuyeron a transformar Monterrey.

Su gobierno también dejó preguntas sobre la relación entre modernización y poder político. La estabilidad administrativa favoreció determinadas actividades económicas, pero se sostuvo dentro de un sistema que limitaba la competencia política y concentraba las decisiones en grupos cercanos al poder. Reconocer ambas dimensiones permite comprender mejor el periodo, sin reducirlo a una historia de progreso ininterrumpido ni a una valoración exclusivamente negativa.

La vida de Reyes tuvo además una consecuencia importante en la historia cultural mexicana. Su hijo Alfonso Reyes, quien tenía 23 años cuando murió su padre, vivió de cerca los acontecimientos de febrero de 1913. La muerte del general ocurrió en un momento decisivo para la formación intelectual de Alfonso, cuya obra posterior estaría marcada por una amplia reflexión sobre la cultura, la literatura y la experiencia histórica de México.

No sería adecuado explicar toda la obra de Alfonso Reyes como una respuesta directa a la muerte de su padre, pero sí reconocer que la tragedia familiar ocurrió en medio de una crisis nacional que marcó a su generación.

Más de un siglo después, Bernardo Reyes sigue siendo una figura relevante para estudiar la historia de Monterrey y del noreste mexicano. Su trayectoria permite examinar cómo se relacionaron el Ejército, el gobierno, la industria y los grupos sociales durante el Porfiriato, así como las dificultades de un régimen que impulsó cambios económicos sin abrir de manera equivalente los espacios de participación política.

La historia del general no se limita a sus años de gobierno ni a su muerte frente al Palacio Nacional. También forma parte de la historia de una ciudad que creció con la industria, recibió a miles de trabajadores y construyó nuevas instituciones en un periodo de profundas transformaciones.

Cronología de Bernardo Reyes

  • 30 de agosto de 1850: fecha de nacimiento registrada por diversas fuentes biográficas, aunque existen referencias que señalan 1849.
  • 1865: se incorpora a las fuerzas republicanas durante la intervención francesa.
  • 1872: contrae matrimonio con Aurelia de Ochoa y Sapién.
  • 1880: asciende al grado de general de brigada.
  • 12 de diciembre de 1885: asume la gubernatura provisional de Nuevo León.
  • 4 de octubre de 1887: entrega el gobierno a Lázaro Garza Ayala.
  • 4 de octubre de 1889: comienza un nuevo periodo como gobernador constitucional.
  • 21 de abril de 1896: deja temporalmente la gubernatura; Carlos Berardi asume como interino.
  • 23 de mayo de 1896: regresa al Ejecutivo estatal.
  • 19 de diciembre de 1897: inicia otro periodo como gobernador, después del interinato de Carlos Félix Ayala.
  • 25 de enero de 1900: asume la Secretaría de Guerra y Marina, según la cronología biográfica que registra esa fecha.
  • 24 de diciembre de 1902: concluye su etapa en la Secretaría y regresa al gobierno de Nuevo León.
  • 24 de octubre de 1909: deja definitivamente la gubernatura.
  • 16 de noviembre de 1911: proclama el Plan de la Soledad contra el gobierno de Francisco I. Madero.
  • 9 de febrero de 1913: muere durante el intento de tomar el Palacio Nacional, al comienzo de la Decena Trágica.

Fuentes

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Garza Guajardo, J. R., & Vera Colunga, R. A. (2024). Inundación de 1909: El desastre y las carencias de la zona rural del Estado de Nuevo León. Reforma Siglo XXI, 27(102), 54–58. https://reforma.uanl.mx/index.php/revista/article/view/399

Hernández Ángeles, R. (s. f.). El que se mueve se sale: La entrevista a Bernardo Reyes Barrón, 4 de agosto de 1908. Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México. https://www.inehrm.gob.mx/es/inehrm/Entrevista_a_Bernardo_Reyes_Barn

Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México. (s. f.). Historia militar de la Revolución mexicana: Época maderista [PDF]. https://inehrm.gob.mx/recursos/Libros/HistoriaMilitarEpocaMaderistaT3.pdf

Flores Salazar, A. V. (2015). Legado arquitectónico del gobierno de Bernardo Reyes. Ciencia UANL, 18(74), julio-agosto. https://cienciauanl.uanl.mx/legado-arquitectonico-del-gobierno-de-bernardo-reyes/

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