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Museo de Historia Mexicana en Monterrey: un viaje por México

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Museo de Historia Mexicana: Su concepción

En el corazón de Monterrey existe un edificio que guarda una historia que va mucho más allá de sus muros. El Museo de Historia Mexicana (MHM) nació con la intención de acercar a los regiomontanos y a los visitantes a la historia del país a través de sus objetos, imágenes y espacios.

Inaugurado el 30 de noviembre de 1994, el museo se convirtió desde entonces en uno de los principales espacios culturales de Monterrey. Su creación reunió a políticos, historiadores, arquitectos y museógrafos en un proyecto que buscaba construir no solamente un edificio, sino un lugar desde el cual pudiera contarse la historia de México.

Una idea que tomó forma

La creación del Museo de Historia Mexicana estuvo vinculada con una visión de desarrollo de la infraestructura cultural de Nuevo León y con el interés de ofrecer en Monterrey un espacio dedicado a la historia nacional.

Entre los principales impulsores del proyecto estuvo Sócrates Rizzo García, entonces gobernador de Nuevo León, quien encabezó las gestiones institucionales para hacer realidad el museo. El proyecto también contó con respaldo del gobierno federal encabezado por Carlos Salinas de Gortari, quien participó en la inauguración del recinto.

Pero levantar un museo de historia implicaba mucho más que construir un edificio. Había que determinar qué historia se quería contar, seleccionar las piezas que formarían parte del acervo y diseñar la manera en que el público recorrería ese relato.

Para ello participaron historiadores como Margarita Loera Chávez y Paniche, Israel Cavazos y Marcela Guerra Castillo, vinculados a los trabajos de investigación y construcción del discurso histórico del museo.

De esta manera, el proyecto fue tomando forma a través de distintas disciplinas: la política hizo posible su creación institucional; los historiadores construyeron el relato y los arquitectos y museógrafos le dieron forma física.

Trece meses para levantar un museo

El proyecto arquitectónico del Museo de Historia Mexicana fue seleccionado mediante un concurso nacional realizado en 1993. El primer lugar correspondió a los arquitectos Óscar Bulnes y Augusto F. Álvarez, quienes estuvieron a cargo del proyecto arquitectónico y ejecutivo.

La construcción comenzó en octubre de 1993 y el museo abrió sus puertas poco más de un año después, el 30 de noviembre de 1994.

El tiempo de ejecución, alrededor de 13 meses, resulta particularmente llamativo si se considera que no se trataba solamente de levantar el inmueble. Paralelamente se trabajaba en la preparación de la exposición, la selección e instalación de las piezas y el desarrollo de los recursos museográficos.

El resultado fue un edificio concebido específicamente para albergar una gran exposición permanente dedicada a la historia de México.

Un edificio integrado a la transformación de Monterrey

La ubicación del museo tampoco fue casual.

El recinto se encuentra la Macroplaza, en una zona que durante las siguientes décadas experimentaría una importante transformación urbana. Desde su concepción, el museo estuvo relacionado con una visión más amplia de renovación de este sector de Monterrey.

Con el paso de los años, su entorno se integró al corredor del Paseo Santa Lucía, convirtiendo al museo en uno de los puntos culturales más importantes de este espacio urbano.

El edificio fue pensado para combinar áreas destinadas a la exposición con espacios para actividades culturales y servicios al visitante. En la planta baja se encuentran espacios como el vestíbulo, las áreas para exposiciones temporales, biblioteca y videoteca, auditorio, sala audiovisual, cafetería y guardarropa.

La planta alta fue destinada a la exposición permanente.

Salas del Museo de Hisotria Mexicana

Uno de los mayores retos del proyecto fue convertir siglos de historia en un recorrido que pudiera ser comprendido por el público.

Interior del Museo de Historia Mexicana

La exposición permanente se organiza cronológicamente y permite recorrer distintos momentos de la historia nacional.

México Antiguo

El recorrido comienza con el México prehispánico, desde el poblamiento del continente hasta el periodo previo a la llegada de los españoles.

La exposición aborda los grandes horizontes culturales —Preclásico, Clásico y Posclásico— y presenta objetos relacionados con las culturas que se desarrollaron en Mesoamérica y otras regiones del territorio.

Entre los elementos destacados se encuentran representaciones del jaguar, la diosa Chicomecóatl, almenas y la Xiuhcóatl o serpiente de fuego.

Es el comienzo de un recorrido que busca mostrar que la historia de México no empezó con la llegada de los españoles, sino que tiene profundas raíces en las sociedades que habitaron el territorio durante miles de años.

El Virreinato

El siguiente periodo corresponde a los tres siglos de dominio español.

La exposición aborda procesos como la conquista, la evangelización, la expansión de las órdenes religiosas y la formación de nuevas ciudades y poblaciones.

También se presenta la importancia del comercio y de las rutas que conectaron diferentes regiones de la Nueva España.

Para Monterrey y el noreste, este periodo resulta particularmente significativo, pues permite comprender los procesos de exploración, poblamiento y establecimiento de las poblaciones del norte novohispano.

El siglo XIX

El recorrido continúa con uno de los periodos más complejos de la historia mexicana.

La Independencia, los primeros años de la nación, los imperios mexicanos, las invasiones extranjeras, la Reforma y el Porfiriato forman parte de esta etapa.

El museo presenta retratos y objetos relacionados con personajes como Miguel Hidalgo, José María Morelos, Vicente Guerrero, Benito Juárez, Maximiliano de Habsburgo y Porfirio Díaz.

También se recrean aspectos de la vida cotidiana y de la transformación económica y social del país, incluyendo la importancia que adquirieron el ferrocarril y la modernización durante el Porfiriato.

El siglo XX

La exposición en el Museo de Hisotria Mexicana llega finalmente a nuestro México moderno.

La Revolución Mexicana ocupa un lugar central en esta etapa, que posteriormente aborda los procesos de transformación política, social, económica e industrial del país.

Locomotora en el Museo de Hisotria Mexicana

Uno de los recursos más llamativos del recorrido es la recreación de una estación ferroviaria, donde el visitante puede acercarse a un vagón y experimentar de manera más directa el papel que tuvo el ferrocarril en la historia mexicana.

Entre los elementos más destacados se encuentra la locomotora de vapor número 2501, testimonio de la importancia que tuvieron los ferrocarriles en la modernización del país.

Ecosistemas de México

El recorrido incorpora también un espacio dedicado a los ecosistemas mexicanos.

La presencia de esta sección permite ampliar la mirada histórica y relacionar el desarrollo de las sociedades con la diversidad geográfica, climática y natural del territorio nacional.

México no solamente es una historia de pueblos, guerras, gobiernos y transformaciones sociales: también es el resultado de la relación permanente entre las personas y el territorio que habitan.

Una colección que cuenta historias

Entre las piezas más destacadas del museo se encuentra una extraordinaria colección de pinturas de castas novohispanas.

El conjunto está integrado por 133 pinturas, pertenecientes a la colección de Lydia Sada de González, cedida en comodato para su conservación y exhibición.

Las pinturas fueron realizadas durante el siglo XVIII por artistas como Miguel Cabrera, José Joaquín Magón, José de Páez y Andrés de Islas.

Más allá de su valor artístico, las pinturas permiten aproximarse a la manera en que la sociedad novohispana intentó representar y clasificar las diferentes mezclas raciales de su tiempo.

Por ello, estas obras funcionan como una ventana hacia la sociedad, las ideas y las contradicciones de la Nueva España.

Una museografía adelantada a su tiempo

Cuando el Museo de Historia Mexicana abrió sus puertas en 1994, la tecnología interactiva comenzaba a adquirir una presencia mucho más importante en los museos.

La propuesta museográfica incorporó recursos audiovisuales, interactivos y videomuros con la intención de hacer más dinámico el recorrido.

En este trabajo tuvo un papel importante Jorge Agostoni, junto con el equipo de Museográfica, dentro del proyecto museográfico.

La intención era que las piezas no permanecieran aisladas dentro de vitrinas, sino que formaran parte de ambientes y recursos capaces de acercar al visitante a los acontecimientos históricos.

Esta combinación entre objetos originales, recreaciones y tecnología ayudó a darle al museo una propuesta distinta a la de los espacios históricos tradicionales de su época.

Un Museo de Historia Mexicana para la ciudad

La historia del Museo de Historia Mexicana también es la historia de cómo Monterrey fue transformando su relación con el centro de la ciudad.

El museo abrió sus puertas en 1994, cuando varias de las transformaciones urbanas que hoy parecen naturales todavía estaban por desarrollarse. Con el tiempo, su entorno se conectó con nuevos espacios públicos y culturales, particularmente con el corredor del Paseo Santa Lucía.

A esto se sumó posteriormente la creación y consolidación del conjunto conocido como 3 Museos, integrado por el Museo de Historia Mexicana, el Museo del Noreste y el Museo del Palacio.

En el entorno del Museo de Historia Mexicana se encuentra La Lagartera, obra del artista oaxaqueño Francisco Toledo, integrada al paisaje cultural de Monterrey. Su presencia forma parte del corredor de museos que conecta espacios emblemáticos como el Museo de Historia Mexicana, el Museo del Noreste (MUNE), el Museo del Acero Horno 3 en Parque Fundidora y el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO), conformando una ruta cultural que reúne historia, arte e industria en el corazón de la ciudad.

De esta manera, el museo dejó de ser un edificio aislado para convertirse en parte de uno de los principales corredores culturales de Monterrey.

Treinta años después

Tres décadas después de su inauguración, el Museo de Historia Mexicana continúa siendo uno de los principales espacios dedicados a la divulgación de la historia nacional en el norte de México.

Su importancia no reside únicamente en las piezas que conserva. También está en la manera en que esas piezas fueron organizadas para construir un relato: desde las antiguas civilizaciones hasta el México moderno.

El museo permite observar cómo una sociedad decidió conservar determinados objetos, explicar determinados acontecimientos y transmitirlos a nuevas generaciones.

Quizá ahí se encuentre su mayor valor.

Porque un museo de historia no conserva únicamente el pasado. También conserva la manera en que una sociedad decide recordar ese pasado.

Y desde Monterrey, el Museo de Historia Mexicana lleva más de tres décadas cumpliendo precisamente esa tarea: abrir una ventana hacia la historia de México y convertirla en una experiencia cercana para quienes recorren sus salas.

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