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Plaza Zaragoza. Historia

Es la de Zaragoza la plaza más antigua de Monterrey. Algunas veces fue llamada Plaza Mayor, aunque en realidad no había para que darle ese nombre, puesto que no existía otra plaza menor. Se le llamó también Plaza Pública o Plaza Principal, pero la denominación más generalizada fue la de Plaza de Armas. El nombre de Zaragoza le fue impuesto en 1864, dos años después de la victoria de Puebla.

El nombre de Plaza de Armas, aplicado en igual forma que en la mayoría de las ciudades mexicanas, tenía una razón de ser. Era allí donde se reunían los vecinos, cuando eran convocados para acudir a la defensa común; y era allí también donde dos veces al año, el 25 de julio, fiesta del apóstol Santiago, y el 25 de noviembre, festividad de Santa Catarina, patrones del ejército español, se hacía revista de armas. Cada uno había de presentar las que tenía: arcabuces, espadas, adargas, etc.
Durante  siglos fue sólo una explanada sin aderezo alguno. La cruzaban veredas en todas direcciones y no era extraño que, además de las transeúntes, cruzaran por ellas los asnos, las recuas, y no se diga los perros, los puercos u otros animales domésticos.
Alma y centro de la vida de la ciudad, ha servido en innumerables ocasiones de escenario a reuniones cívicas y religiosas; a motines populares, a protestas airadas contra la autoridad o a adhesiones a éstas; a jura de reyes o publicaciones de bandos solemnes; a lectura de constituciones y a recibimientos de obispos, gobernantes y candidatos; a duelos de espadachines, o a patíbulo de ahorcados o de fusilamientos.
 
Plaza Zaragoza en los 70´s
Techadas las calles adyacentes con el toldo o vela de lona, en la primera mitad del siglo XIX, pasó la procesión del Jueves de Corpus o la de los penitentes en Semana Santa. Desde el siglo XVII, se improvisó allí muchas veces el redondel para las corridas de toros, en los “regocijos populares”, y fueron celebradas en ellas ferias anuales de la ciudad, de gran renombre en el noreste del país.
Cobró la plaza nueva fisonomía cuando, en 1853, en ocasión de haber sido inaugurado el palacio municipal, se la dotó de “treinta y dos sofás de cantería y mezcla, dobles, perfectamente labrados” , y estrenó el 28 de agosto de ese año “igual número de faroles de un tamaño regular, colocados simétricamente en pies derechos, de fierro, pintados de verde”, dice el Periódico Oficial. Y lució con mayor belleza cuando, en 1864, inauguró el gobernador Vidaurri la fuente de mármol esculpida por Mateo Matei, que ahora está en la plaza de la Purísima. De esos años datan las tradicionales serenatas y las audiciones musicales.
La junta de mejoras, presidida por el Dr. Gonzalitos, compró en Nueva York los faroles de los arbotantes, en 1886, y en el año 94 fue instalado el quiosco de las Cuatro Estaciones, y finalmente, en 1962 justificó su nombre de Zaragoza con la estatua ecuestre del héroe, hecha por Ignacio Asúnzolo.
Ampliada hasta el río en la década de 1960, desapareció la calle de Sor Juana Inés de la Cruz, que la cerraba por el sur, y que comprendía sólo una cuadra, entre las de Zaragoza y Zuazua. Había allí viejos caserones de balconería, que no carecían de unidad arquitectónica.
En la décad de 1980, la plaza desapareció como tal, al ser incorporada a la Macroplaza, construida por el gobernador Alfonso Martínez Domínguez.
 
Fuente: Cavazos I, La Enciclopedia de Monterrey, Editorial Grijalbo, 1996 pp 40-42.
 

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