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Constantino de Tárnava

La tarde del 9 de octubre de 1921 todo era prisa en la casa de Constantino De Tárnava. La sala estaba perfectamente acondicionada para un experimento que sería escuchado en todo el Continente.
    El programa se iniciaba a las 20:30 horas, en la casa de Guerrero y Padre Mier, en Monterrey. Los artistas -nóveles algunos y consagrados otros- tenían un programa perfectamente estructurado y ensayado para cumplir con una de las ocurrencias de De Tárnava, joven científico graduado en Estados Unidos, y experto en Radiofonía, algo de lo que ya se oía hablar pero que nadie conocía: La Radio.
    Todos estuvieron a tiempo. El Steinway en su lugar y bien afinado, La función se inició puntual: Ana María Yturria, de 14 años, con voz de soprano, empezó a cantar «Violetas», composición de Miguel Lerdo de Tejada. Ella misma recuerda aquel ambiente inicial: «El primer anuncio de la XEH fue uno que realizó el propio ingeniero De Tárnava, en el que se promocionaba una mantequilla. A raíz de ese anuncio la gente paraba al ingeniero en la calle para preguntarle si ya había probado la mantequillas.

    De Tárnava manejaba los controles y a la vez iba anunciando a los artistas que ignoraban la repercusión histórica del papel que estaban haciendo: La primera transmisión radiofónica «en vivo» desde Monterrey para toda América Latina y con alcances continentales. Se cuenta que meses después, el ingeniero recibió una carta desde Panamá en la que decían que sí habían captado su señal.

    Era el inicio de la radio y no había interferencia; con 50 watts era posible llegar muy lejos. Constantino De Tárnava, científico de 23 años, gozaba experimentando lo que después la tecnología y el comercio convirtió en un medio de comunicación masiva que revolucionó al mundo: la radio.
    El programa de esa noche, se prolongó hasta las 22:30. Los artistas entre divertidos y nerviosos, tomaban muy en serio su papel.
    El repertorio de aquella noche estaba integrado por la señora Sierra de Barragán, la señora St. John Clerke y Carlos Pérez Maldonado, en los pianos; Eudoxio Villarreal, como declamador; y el Dr. José F. Barragán hacía toda clase de sonidos con serruchos. Otro de los músicos de aquella época, Daniel Treviño Guajardo, cita: «Una de las melodías que canté en aquella época era una canción que escribió el ingeniero De Tárnava y se llamaba ‘Cansado’. La musicalización estuvo a cargo del pianista Ricardo Leal. La canción se transmitió en el año 1936 y tuvo un éxito relativo».
    Por otra parte, el mismo Ricardo Leal, rememora: «en la época de los 30s, la XET tenía la exclusividad de transmitir las canciones de Agustín Lara. Dada esa circunstancia, el ingeniero se vio en la necesidad de cantar en los programas de XEH. Para que no lo reconociera la gente adoptó el nombre artístico de ‘El Caballero del Antifaz Negro’. Cuando pasaba a cabina llevaba una máscara. Por espacio de un año así cantó en la emisora».
    A pocas cuadras de distancia, las personas escuchaban maravilladas el programa inicial. El sonido no era precisamente de alta fidelidad; pero significaba un milagro de la alta tecnología hacer inteligibles las voces, sin hilos, sin nada que conectara el transmisor con el receptor. De Tárnava quería que sus programas fueran escuchados. Decidió vender aparatos para el hogar fabricados por él mismo, de casa en casa. Su estación, CYL, seguía transmitiendo una vez por semana y la gente que lo escuchaba crecía en número. LA HISTORIA SE ESTABA ESCRIBIENDO: la radio había entrado en América por Monterrey, y De Tárnava la habla iniciado.
    En 1922 los norteamericanos habían visto el gran futuro comercial de la radio y empezaron a fabricar receptores de onda continua con las marcas RCA, Westinghouse, Murdock, y Paragon. De Tárnava los importaba y estableció una agencia para su venta.
    Emilio Azcárraga Vidaurreta, amigo de De Tárnava y testigo de sus aficiones, descubrió el potencial comercial de la radio y fundó en Monterrey un negocio para la venta de receptores importados. Más tarde creó la XEW y comercializó la radio.
    De Tárnava fue un científico con un amplio afán de descubrimientos que lo lleva de un aparato a otro, de la construcción a la adaptación y creación tecnológicas. Cuando decide dedicarse a la radio, hace de su estación la más adelantada y con la más alta fidelidad de América Latina. De Tárnava tuvo otras aficiones, La fotografía ocupó su tiempo y sus amigos cuentan que su laboratorio estaba más equipado que el de American Photo, el mejor establecimiento de la localidad en aquel momento, «Otro de los pasatiempos del ingeniero fue el tiro al blanco, él mismo se encargaba de elaborar sus propios cartuchos», comenta Fernando Gutiérrez Peña.
    En 1962, más de 40 años después de haber realizado sus primeras transmisiones radiales, De Tárnava vende su estación a Mario Quintanilla. Era el estilo de radio «ágil» en el que el locutor tenía que limitar sus intervenciones y la música grabada era primordial. Era un avance de la radio romántica y cultural en donde se escuchaban intensas conversaciones de los poetas del tiempo. Pero seguía en la memoria de la gente el «anunciador» de célebres e ingeniosos «spots» publicitarios que hicieron época y definieron a una generación de artistas. «El primer anuncio que se realizó decía: papá, papacito, cómprame mis zapatitos pero que sean de marca Burrito. Sí papacito, porque son los mejores zapatitos». Rogelio Salinas era el locutor y se transmitió en 1939. «De este anuncio se copiaron después los chicles Adam’s», recuerda Pedro Tijerina,
    Todavía son recordados los programas cómicos con Arturo Manrique «Panseco», las primicias de locución de Lalo Gonález «Piporro», la voz y composiciones de María Alma y el acompañamiento al plano del compositor Fernando Z. Maldonado. También queda constancia de su apoyo cultural a Monterrey, con la creación de la primera escuela de óleo y acuarela, en donde se hicieron pintores como Manuel de la Garza, Joaquín A. Mora y Efrón Ordóñez,
    Constantino De Tárnava fue un científico romántico y a la vez práctico y audaz, un investigador de la vanguardia y un amante de la tecnología que marcaba la pauta a seguir en un tiempo de crecimiento y desarrollo de la sociedad regiomontana. Fue reconocido nacionalmente como el iniciador de la radio en América Latina, y él, mientras tanto, invertía su tiempo en aparatos de alta precisión que armaba y desarmaba en su laboratorio meteorológico. «Constantino De Tárnava fue una persona extraordinaria en la radiodifusión, un locutor de magnífica voz, entre otras cualidades», afirma Jesús Garza Hernández.
    La vida de Constantino De Tárnava, siempre productiva y edificante, transcurría entre un experimento y un descubrimiento. La creación y la investigación eran las motivaciones, y también los pasatiempos del ingeniero. Su vida, a diferencia de muchas otras personas dedicadas a la invención, no era de soledad ni de apartamiento; al contrario: cultivaba amistades con las cuales comentaba sus inquietudes y labores. Arturo Rosales, lo dice: «El ingeniero se juntaba con sus amigos en el Sanborn’s a las 5:00 de la tarde; mucha gente comenta que había curiosos que lo esperaban junto con José J. Garza(XE2U) y Jesús Villarreal, para oírlos platicar, comentar las novedades del periódico e incluso disfrutar de sus chistes. Se tardaban en tomar el café bajo el pretexto de estar conviviendo. Eran los mosqueteros de Monterrey, donde quiera que se les veía juntos, eran muy unidos y alegres».
    El tiempo, que todo lo consume, fue colocando años a la vida del ingeniero De Tárnava. La edad le comenzó a pesar. Su cuerpo denotaba los años transcurridos, más no su espíritu, ya que siempre brotaba en él la ocurrencia, el detalle, el signo de una vitalidad productiva.
    Sin embargo, a los 76 años, después de una vida intensa, muere Constantino De Tárnava, el científico que con paso firme y decidido, inició la marcha hacia una era de tecnología que colocó a Monterrey a la vanguardia en radiofonía. «De Tárnava fue un hombre positivo y honorable para Monterrey. Cuando se dio a conocer su famoso experimento, la gente respondió en forma clamorosa, en aquella época la población la integraban entre 75 y 85 mil personas», expresa el cronista de la ciudad de Monterrey, José P. Saldaña.
    El ingeniero Constantino De Tárnava, regresó al origen. Sin embargo, su presencia no desaparece, ya que la tecnología y la gente que se beneficia con ella, lo recuerda en cada uno de los hoy modernísimos aparatos de radio

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